sábado, 27 de diciembre de 2014

Vivir como las flores



Maestro, ¿qué debo hacer para no sentirme molesto?

Algunas personas hablan demasiado, otras son ignorantes. Algunas son indiferentes. Siento
odio por aquellas que son mentirosas y sufro con aquellas que calumnian.

- ¡Pues, vive como las flores!, advirtió el maestro.

- Y ¿cómo es vivir como las flores?, preguntó el discípulo.

- Pon atención a esas flores -continuó el maestro, señalando unos lirios que crecían en el jardín.

Ellas nacen en el estiércol, sin embargo son puras y perfumadas. Extraen del abono maloliente todo aquello que les es útil y saludable, pero no
permiten que lo agrio de la tierra manche la frescura de sus pétalos.

Es justo angustiarse con las propias culpas, pero no es sabio permitir que los vicios de los demás te incomoden. Los defectos de ellos son de ellos y
no tuyos. Y si no son tuyos, no hay motivo para molestarse...

sábado, 8 de marzo de 2014

Mamá, los niños me pegan

Hemos pasado una semana preocupados porque Zipi salía del cole y nos venía contando que le había pegado Fulanito o que Zutanito le había dado una patada o que entre los dos le habían dado una paliza que casi no se podía ni mover y que se habían hecho los dueños del patio y a él no le dejaban jugar a la pelota. ¡Qué mal! ¡Ay mi niño! Nos planteamos hablar con la profesora para saber si ella era consciente del problema que tenía Zipi e incluso don Pantuflo llegó a considerar la idea de hablar con los padres de Fulanito e intensificar las clases de yudo para que mi pobre niño aprendiese a defenderse lo antes posible y que el resto de los niños dejasen de tratarle tan mal. No obstante, le dije a don Pantuflo que antes de hablar con los padres de Fulanito estuviésemos pendientes del comportamiento de ambos niños en el parque.

En el parque que frecuentamos se juntan en pocos metros cuadrados cientos de niños de varios colegios diferentes y, por desgracia, se reúnen tanto padres como niños dependiendo del color del uniforme del colegio (patético, sí, que de las primeras cosas que les enseñamos a los niños es a ser clasistas). Cierto día, estaba Don Pantuflo con los niños en dicho parque y estaban los niños jugando a la pelota con un amiguito suyo cuando llegaron un grupo de niños del colegio de al lado del suyo, mayores que ellos, y les quitaron la pelota. El amigo de los niños salió llorando, Zape corriendo por si le pegaban y Zipi, mi pobre Zipi, ese al que pegaban los niños en el cole y que nos tenía tan preocupados, plantándole cara a diez o doce niños que le doblaban la edad, insultándoles y diciéndoles que se acercasen si tenían lo que tenían que tener. Después de este episodio tomamos la determinación de tomarnos con más precaución los comentarios que nos hiciese nuestro querido hijo Zipi.

Tutoría

El otro día, cuando recogía a Zape del cole, al preguntarle a la profe que qué tal había ido la jornada me respondió que le gustaría tener una tutoría con nosotros y fue en ese preciso instante cuando se me pasó por la cabeza que, a lo mejor estaba criando al niño más macarra del colegio y la junta directiva había decidido expulsarlo del centro. Con esta idea nos presentamos Don pantuflo y yo para hablar con ella, con más temor que vergüenza, y lo que básicamente nos vino a decir la buena mujer es que el niño en cuestión, el problema principal que tenía es que hacía cosas de un niño de ocho o diez, que se relacionaba sobre todo con niños mayores que él y que con los de su edad hacía lo que le daba la gana, el tema de los límites no los llevaba especialmente bien y a una de las monitoras le tenía una manía un tanto exagerada. Por lo que nos pidió que trabajásemos en casa el tema de los límites y que intentásemos que en el parque se juntase con niños de su edad. 

Por eso desde aquí quiero hacer un llamamiento a todos los padres que tengan niños de cuatro años que, por favor, se pasen por nuestro parque para ver si entre todos podemos acabar con ese complejo indefinible que tiene mi hijo y logramos que se dé cuenta de que no tiene ni más ni menos que cuatro años.

Gracias

miércoles, 31 de julio de 2013

¡Escribe!



¡Escribe! escribe...como si de un mantra se tratara algo dentro de mi me lo repite constantemente: ¡Escribe!...y aunque aún no entiendo muy bien el por qué empiezo a darme cuenta de que una de las razones fundamentales es para poner en orden mis pensamientos, para hacer limpieza (mental, por supuesto), porque hace ya tiempo que mi musa me abandonó y creo que la única manera de hacerla volver es invocarla a través de la escritura...Escribe...

lunes, 25 de febrero de 2013

Galletas Digestive



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Ingredientes para 15-20 galletas

  • 55 gr de harina de trigo, 170 gr de harina de trigo integral, 1 cucharadita de levadura química (impulsor), 1/2 cucharadita de sal, 110 gr de mantequilla sin sal a temperatura ambiente, 70 gr de azúcar glasé, 50 ml (aproximadamente) de leche fría.

Cómo hacer galletas Digestive

Precalentar el horno a 175ºC y preparar un par de bandejas. Mezclar en un recipiente amplio las harinas con la levadura química y la sal. Añadir la mantequilla y trabajar con un mezclador de pastelería, estrujándola con las manos o usando un robot de cocina. Añadir el azúcar, mezclar e ir incorporando la leche, poco a poco, hasta conseguir una masa suave, maleable pero no muy pegajosa.
Amsar ligeramente sobre una superficie limpia hasta conseguir una textura suave, añadiendo un poco de harina si fuera necesario. Estirar con un rodillo hasta dejar un grosor de unos 4-5 mm. Recortar las galletas usando un molde redondo o un vaso de unos 5-6 cm de diámetro.
Repartir las galletas en las bandejas. Decorar pinchándolas con un palillo o brocheta, o con un molde de letras especiales con la palabra “Digestive” en el centro. Hornear, una bandeja cada vez, durante unos 15-20 minutos, hasta que se hayan dorado ligeramente. Esperar unos minutos fuera del horno y dejar enfriar totalmente sobre una rejilla.

Directo al Paladar